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Consejos sencillos para ayudar a un niño con dispraxia

Comprender la dispraxia y sus consecuencias

La dispraxia, también conocida como trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), afecta a la capacidad del niño para planificar y ejecutar movimientos coordinados. Esta afección puede hacer que las tareas cotidianas, como atarse los cordones de los zapatos o escribir, resulten especialmente difíciles. Los niños con dispraxia suelen tener dificultades tanto con las habilidades motoras finas (como escribir) como con las motoras gruesas (como correr o saltar). Estas dificultades pueden provocar frustración y afectar a la autoestima del niño.

Aunque la dispraxia es una afección que dura toda la vida, la intervención temprana puede ayudar considerablemente a los niños a desarrollar nuevas habilidades motoras y a encontrar formas de afrontar sus dificultades. Los niños con dispraxia también pueden sufrir otras dificultades, como problemas del lenguaje o síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lo que puede complicar aún más su desarrollo. Comprender estos retos es el primer paso para ayudar a un niño a desenvolverse en el día a día con mayor facilidad.

 

¿Qué es la dispraxia? Una visión general del trastorno del desarrollo de la coordinación

La dispraxia, conocida oficialmente como trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), es una dificultad de aprendizaje que afecta a la capacidad del cerebro para procesar correctamente la información relacionada con el movimiento. Esta afección afecta a la capacidad del niño para realizar tareas tanto de motricidad fina como de motricidad gruesa, lo que significa que las actividades que requieren coordinación mano-ojo o movimientos de todo el cuerpo pueden resultarle difíciles. Por ejemplo, tareas que parecen sencillas, como atarse los cordones de los zapatos o utilizar un lápiz, requieren esfuerzo y concentración para un niño con dispraxia.

También es importante señalar que la dispraxia suele solaparse con otros trastornos, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y las dificultades del lenguaje. Los niños diagnosticados con dispraxia pueden enfrentarse a retos adicionales, como una falta de capacidad de planificación y dificultades con las señales visuales, lo que puede afectar a su capacidad para desenvolverse en las actividades cotidianas.

La detección precoz y un enfoque de apoyo pueden ayudar a las personas con dispraxia a desarrollar nuevas habilidades motoras y a mejorar su capacidad para desenvolverse en el colegio y en otros entornos.

 

Señales a las que hay que prestar atención: cómo reconocer la dispraxia en los niños

Reconocer la dispraxia en los niños puede resultar complicado, ya que sus síntomas suelen solaparse con los de otros trastornos del desarrollo. Los niños con dispraxia suelen tener dificultades con las habilidades motoras, sobre todo aquellas que requieren coordinación motora fina, como escribir o utilizar cubiertos. También pueden tener dificultades con las habilidades motoras gruesas, como correr, saltar o mantener el equilibrio.

Además de las dificultades motrices, los niños pueden mostrar signos de falta de capacidad de planificación, dificultad para seguir indicaciones visuales e incapacidad para realizar tareas que requieran movimientos coordinados. Estas dificultades pueden hacerse más evidentes a medida que el niño crece y se enfrenta a tareas más complejas, como escribir bien o sacar buenas notas en el colegio. Detectar estos signos a tiempo es fundamental para ofrecer el apoyo adecuado.

 

Cómo ayudar a un niño con dispraxia a mejorar sus habilidades motoras

 

niño con dispraxia diagnosticada a una edad temprana

 

Ayudar a un niño con dispraxia a desarrollar sus habilidades motoras requiere paciencia, práctica y un enfoque estructurado. Es necesario prestar atención tanto a las habilidades motoras finas como a las gruesas, ya que ambas desempeñan un papel fundamental en las tareas cotidianas. Animar al niño a participar en actividades que sean divertidas pero que, al mismo tiempo, supongan un reto, es clave para que progrese. Empieza con tareas sencillas que impliquen trabajar la coordinación motora, como construir con bloques o utilizar cubiertos a la hora de comer.

Es importante aumentar gradualmente la dificultad de las tareas para mejorar la coordinación sin abrumar al niño. Por ejemplo, practicar movimientos sencillos con las manos, como ensartar cuentas o atrapar una pelota, puede ayudar a desarrollar nuevas habilidades motoras. El refuerzo positivo y la repetición son esenciales para estos niños a medida que superan los retos motores. Realizar tareas que se centren tanto en la coordinación motora fina como en la gruesa ayudará al niño a desarrollar confianza en sus capacidades con el tiempo.

 

Cómo fomentar el desarrollo de las habilidades motoras finas: consejos prácticos

Los niños con dispraxia suelen tener dificultades con actividades que requieren habilidades motoras finas, como escribir a mano, usar tijeras o abrocharse los botones de la ropa. Para favorecer el desarrollo de las habilidades motoras finas, empieza por introducir herramientas que puedan facilitar la realización de estas tareas. Por ejemplo, colocar empuñaduras especiales en los lápices o los cubiertos puede proporcionar un apoyo adicional a los niños que tienen dificultades para sujetar objetos.

Actividades como dibujar, recortar formas o jugar con plastilina son ideales para mejorar la destreza. Estas tareas ayudan al niño a practicar movimientos individuales y a mejorar su coordinación mano-ojo. Asegúrate de dividir las tareas en pasos más pequeños, dando instrucciones claras y sencillas. Dar más tiempo para completar las tareas es fundamental para reducir la frustración.

Además, incorporar juegos que hagan hincapié en la coordinación motora fina hará que el proceso de aprendizaje resulte más agradable. Con el tiempo, estas acciones repetidas ayudarán a reforzar las habilidades motoras del niño, lo que hará que las actividades cotidianas le resulten más fáciles.

Descubre más sobre las diferencias entre la dislexia y la dispraxia en este artículo.

 

Habilidades motoras gruesas: actividades para fomentar los movimientos coordinados

 

Mejorar las habilidades motoras gruesas es tan importante como desarrollar las habilidades motoras finas en los niños con dispraxia. Involucrarlos en actividades que fomenten los movimientos coordinados ayuda a mejorar sus capacidades físicas. Los juegos sencillos al aire libre, como lanzar y atrapar una pelota, correr o mantener el equilibrio sobre una barra, pueden resultar muy eficaces. Estas actividades son ideales para desarrollar la coordinación motora gruesa y, al mismo tiempo, son divertidas.

Incorporar el ejercicio físico a la vida cotidiana ayuda al niño a practicar sin sentirse abrumado. Actividades como saltar, trepar o montar en bicicleta contribuyen a mejorar el equilibrio, la coordinación y las habilidades motrices en general. Al igual que con las tareas de motricidad fina, es fundamental aumentar gradualmente la complejidad de estas actividades para mantener el progreso.

Al practicar con regularidad, los niños pueden fortalecer sus habilidades motoras gruesas, lo que les facilita realizar tareas físicas más complejas. Esto también puede tener un efecto positivo en su capacidad para llevar a cabo las tareas cotidianas de forma autónoma.

 

El papel de la terapia ocupacional en el apoyo a las personas con dispraxia

 

Los adultos enseñan nuevas tareas a los niños afectados

 

La terapia ocupacional desempeña un papel fundamental a la hora de ayudar a un niño con dispraxia a afrontar los retos del día a día. Los terapeutas ocupacionales trabajan en estrecha colaboración con los niños para mejorar tanto la motricidad fina como la motricidad gruesa, centrándose en estrategias prácticas que faciliten la coordinación de los movimientos. Estas sesiones suelen consistir en practicar tareas que al niño le pueden resultar difíciles, como escribir, utilizar cubiertos o atarse los cordones de los zapatos.

A través de terapia ocupacional, los niños pueden aprender a dividir actividades complejas en pasos más sencillos, lo que facilita su realización. Esta terapia resulta especialmente útil para enseñar a los niños a realizar las actividades cotidianas básicas con mayor autonomía.

Además, los terapeutas utilizan técnicas y herramientas adaptativas, como empuñaduras especiales o material adaptado, para ayudar a los niños a desarrollar nuevas habilidades. La terapia ocupacional no solo mejora la función motora, sino que también refuerza la autoestima general del niño, ayudándole a desenvolverse con éxito en el colegio y en otros entornos.

 

El uso de un enfoque multisensorial para el aprendizaje de nuevas habilidades

 

niño al que se le ha diagnosticado dispraxia

 

Un enfoque multisensorial resulta muy eficaz a la hora de enseñar nuevas habilidades motoras a los niños con dispraxia. Dado que estos niños suelen tener dificultades en el procesamiento sensorial, el uso simultáneo de varios sentidos —como la vista, el oído y el tacto— puede facilitar el aprendizaje. La incorporación de señales visuales, como imágenes o vídeos, puede ayudar al niño a comprender mejor las tareas que implican movimiento.

Por ejemplo, practicar una secuencia de movimientos mientras se observa una demostración ayuda a reforzar la capacidad del niño para imitar las acciones. Además, las actividades táctiles, como palpar diferentes texturas o manipular objetos, proporcionan estímulos sensoriales que facilitan el aprendizaje.

Este enfoque también puede utilizarse para mejorar las dificultades lingüísticas y las habilidades sociales mediante la integración del habla y los gestos. Al estimular más de un sentido a la vez, los niños con dispraxia están mejor preparados para comprender conceptos complejos y aumentar gradualmente sus capacidades.

 

Apoyo escolar: cómo pueden los profesores ayudar a los niños con dispraxia

 

 

Los profesores desempeñan un papel fundamental a la hora de apoyar a los niños con dispraxia en el aula. La aplicación de estrategias que dividan las tareas en pasos más manejables ayuda a los niños a superar sus dificultades de coordinación y a progresar académicamente. Por ejemplo, las tareas que requieren habilidades de motricidad fina, como escribir, pueden simplificarse utilizando empuñaduras especiales o proporcionando recursos adicionales.

Conceder más tiempo para los trabajos o los exámenes permite a los niños terminar sus tareas sin sentirse presionados. Los profesores también pueden utilizar señales visuales y actividades prácticas para adaptarse a los diferentes estilos de aprendizaje. La colaboración con los padres y los terapeutas ocupacionales garantiza que los niños reciban un apoyo constante tanto en el colegio como en casa.

Al crear un entorno educativo inclusivo, los profesores ayudan a los niños con dispraxia a alcanzar el éxito, potenciando sus habilidades académicas y su confianza en sus capacidades.

 

Conclusión: Cómo la intervención temprana puede marcar la diferencia

 

 

La intervención temprana es fundamental para ayudar a un niño con dispraxia a desarrollar las habilidades motoras esenciales y a afrontar los retos del día a día. Al comprender los síntomas y colaborar con profesionales como los terapeutas ocupacionales, los padres y los profesores pueden ofrecer un apoyo específico.

Algunas estrategias sencillas, desde adoptar un enfoque multisensorial hasta dividir las tareas en pasos más pequeños, pueden mejorar significativamente la capacidad del niño para realizar tareas y ganar confianza en sí mismo. La detección precoz, combinada con paciencia y un apoyo estructurado, permite a los niños con dispraxia desarrollarse plenamente, ya sea en casa, en el colegio o en entornos sociales.

La intervención temprana, junto con las herramientas adecuadas, puede marcar una diferencia significativa para los niños con dispraxia. Una de estas herramientas es Magrid, que ofrece una variedad de actividades diseñadas para ayudar a reforzar las habilidades motoras.

Su enfoque multisensorial ayuda a los niños que tienen dificultades con la coordinación motora fina y los movimientos coordinados. Al realizar actividades atractivas a su propio ritmo, los niños pueden ir ganando confianza poco a poco y mejorar sus habilidades en un entorno acogedor y sin estrés. Empieza aquí.

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