La dislexia y la disgrafía se confunden constantemente, y es fácil entender por qué: ambas pueden manifestarse en un niño que tiene dificultades en el colegio, evita escribir y parece quedarse atrás a pesar de esforzarse mucho. Sin embargo, afectan a diferentes partes del procesamiento cerebral, y confundirlas suele suponer que el niño reciba un tipo de apoyo inadecuado.
En resumen: la dislexia afecta a la lectura y al procesamiento del lenguaje. La disgrafía afecta a la escritura y a la coordinación motora fina que la sustenta. Un niño puede padecer una, la otra o ambas, y es importante distinguirlas porque la intervención para cada una de ellas es muy diferente.
¿Qué es la dislexia?
La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que tiene su origen en la forma en que el cerebro procesa el lenguaje, en concreto en la relación entre los sonidos y las letras. Los niños con dislexia suelen leer despacio, tienen dificultades para descifrar palabras desconocidas y les cuesta escribir correctamente, no porque no se esfuercen, sino porque el procesamiento fonológico subyacente les exige un mayor esfuerzo que a la mayoría de los lectores.
La dislexia no tiene nada que ver con la inteligencia. Muchos niños con dislexia son excelentes pensadores verbales que, sencillamente, se topan con un obstáculo cuando el lenguaje aparece como texto en una página en lugar de como habla.
¿Qué es la disgrafía?
La disgrafía es una dificultad de aprendizaje que afecta a la capacidad del niño para escribir, y abarca desde la formación de letras individuales hasta la organización de las ideas en una página. Puede manifestarse mediante una letra ilegible, una forma inusual de sujetar el lápiz, una escritura lenta y laboriosa, o una ortografía que parece inconsistente, incluso cuando el niño es capaz de deletrear correctamente la misma palabra en voz alta.
Un término relacionado que conviene conocer es disortografía, que describe específicamente las dificultades con la ortografía y los aspectos técnicos del lenguaje escrito, al margen del acto físico de escribir a mano. A algunos niños se les diagnostica uno de estos aspectos sin el otro, lo que explica en parte por qué la disgrafía en sí misma no constituye un perfil único y uniforme.
Según el Asociación Internacional de Dislexia, la disgrafía puede presentarse de forma aislada o junto con la dislexia, y ambas implican procesos cognitivos diferentes, aunque a veces se solapan.
Diferencias clave entre la dislexia y la disgrafía
La forma más clara de distinguirlos es preguntarse qué es lo primero que falla: la lectura o la escritura.
| Área | Dislexia | Disgrafía |
| Habilidad principal afectada | Lectura y decodificación del lenguaje | La escritura y la motricidad fina |
| Causa principal | Procesamiento fonológico, relaciones entre sonidos y letras | Planificación motora y formación de letras, a veces ortografía |
| Síntomas comunes | Lectura lenta, inversión de letras al leer, escasa conciencia fonológica | Letra ilegible, agarre incorrecto del lápiz, escribir resulta físicamente agotador |
| ¿Afecta al habla? | Rara vez directamente | No, el lenguaje hablado no suele verse afectado |
¿Puede un niño tener ambas cosas?
Sí, y es lo suficientemente habitual como para que los médicos lo consideren una posibilidad real, no un caso aislado. A Estudio de neuroimagen de 2015 Se descubrió que la disgrafía, la dislexia y una discapacidad del lenguaje relacionada presentaban, cada una de ellas, perfiles conductuales y neurológicos distintos, lo que confirma que se trata de afecciones independientes y diagnosticables, y no de un único trastorno con diferentes denominaciones. Esa distinción es precisamente la razón por la que un niño puede padecer una sin la otra, o ambas a la vez.
Aquí es también donde el diagnóstico diferencial cobra importancia. Un niño que tiene dificultades tanto para leer como para escribir podría necesitar apoyo para subsanar dos carencias específicas, y no una intervención más general. Tratar la disgrafía como si fuera simplemente “parte” de la dislexia conlleva el riesgo de dejar sin ayuda específica los aspectos relacionados con la escritura a mano y la planificación motora. La misma lógica se aplica a dislexia y dispraxia o dislexia y discalculia, afecciones que, además, suelen solaparse con la suficiente frecuencia como para requerir una evaluación minuciosa e independiente.
Signos y síntomas
Síntomas de la dislexia
- Lectura lenta y laboriosa, incluso de palabras conocidas
- Dificultad para pronunciar palabras desconocidas
- Palabras que se escriben o suenan de forma similar y que pueden dar lugar a confusión
- Evitar leer en voz alta
- Dificultad para recordar secuencias, como los días de la semana o las tablas de multiplicar
Síntomas de la disgrafía
- Una letra que sigue siendo ilegible mucho después de la edad en la que los compañeros ya escriben con claridad
- Un agarre del lápiz incómodo o demasiado apretado
- Escribir algo que cansa rápidamente la mano o que lleva mucho más tiempo del previsto
- Tamaño y espaciado irregulares de las letras
- Evita específicamente las tareas de expresión escrita, aunque no parece tener problemas con la lectura ni con la expresión oral
¿Cómo se diagnostican?
Ambas afecciones suelen diagnosticarse mediante una evaluación realizada por un psicólogo educativo o un especialista formado en trastornos del aprendizaje, no mediante una única prueba, sino mediante una batería de pruebas.
En el caso de la dislexia, la evaluación suele abarcar la conciencia fonológica, la velocidad de decodificación, la fluidez lectora y la ortografía, a menudo en comparación con la capacidad de razonamiento verbal del niño para descartar una explicación basada en la inteligencia general. En el caso de la disgrafía, el proceso es diferente: implica la observación directa de muestras de escritura a mano, pruebas de motricidad fina y de velocidad al golpear con los dedos, la forma de sujetar el lápiz y la postura, y, en ocasiones, una comparación entre la expresión escrita a mano y la tecleada o hablada, para determinar si el problema se refiere realmente a la escritura y no al lenguaje en sí.
Dado que ambas evaluaciones se centran en habilidades diferentes, un niño del que se sospecha que padece ambas afecciones suele necesitar que se le realicen ambas evaluaciones, y no una sola prueba general que se suponga que lo abarca todo.
Estrategias de apoyo en casa y en el colegio
Cómo apoyar a un niño con dislexia
La enseñanza estructurada y multisensorial de la lectura suele ser la más eficaz, ya que asocia los sonidos con las letras a través del oído, la vista y el tacto al mismo tiempo. Leer en voz alta juntos, sin prisas y sin corregir cada error, evita que la lectura se convierta en algo que el niño tema. Los audiolibros y las herramientas de conversión de texto a voz también permiten al niño acceder a contenidos propios de su curso sin que la dificultad para leer obstaculice su comprensión.
Cómo ayudar a un niño con disgrafía
La práctica de la escritura a mano da mejores resultados en sesiones cortas y sin presión, en lugar de en sesiones largas que solo generan frustración. La terapia ocupacional puede centrarse directamente en los aspectos de motricidad fina y planificación motora de la escritura. En cuanto a las tareas escolares, permitir que las respuestas se escriban a máquina o que se copie menos de la pizarra alivia la presión de escribir a mano, de modo que el niño pueda centrarse en el contenido real que se evalúa.
Cómo ayuda Magrid a los niños con dislexia y disgrafía
El método visual y sin lenguaje de Magrid se diseñó precisamente para este tipo de situaciones: un niño cuyas dificultades residen en la decodificación o la escritura no debería tener que esforzarse además por comprender instrucciones escritas solo para poder acceder a una actividad de aprendizaje. Dado que Magrid elimina por completo el texto y las instrucciones orales, los niños con dislexia pueden abordar contenidos cognitivos y de matemáticas tempranas sin que su dificultad para leer se interponga en primer lugar.
En lo que respecta específicamente a la disgrafía, el programa de Magrid… actividades de motricidad fina y coordinación mano-ojo Ofrecer a los niños una práctica estructurada y sin presión, basada en la misma planificación visomotora que subyace a la escritura a mano, sin la carga adicional de tener que preocuparse al mismo tiempo por la ortografía o la redacción de una frase. Basado en más de una década de investigación en ciencias cognitivas en la Universidad de Luxemburgo, este enfoque permite practicar cada habilidad por separado, lo cual es fundamental para los niños que se enfrentan a más de una dificultad de aprendizaje a la vez.