Comprender la diferencia entre la dispraxia y la apraxia: por qué es importante distinguirlos
Cuando se habla de trastornos del desarrollo neurológico que afectan al movimiento y a la comunicación, el tema de la dispraxia frente a la apraxia suele generar confusión. Aunque a veces estos términos se utilizan indistintamente, describen trastornos distintos que afectan a la capacidad del niño para realizar movimientos intencionados y llevar a cabo tareas cotidianas. Ambos trastornos implican dificultades en la planificación motora, lo que significa que el cerebro tiene problemas para organizar y ejecutar los movimientos precisos necesarios para acciones específicas. Sin embargo, los problemas subyacentes y las áreas de desarrollo afectadas pueden diferir significativamente.
Comprender las diferencias entre la dispraxia y la apraxia es importante para los padres, los educadores y los profesionales sanitarios, ya que una identificación precisa permite aplicar las intervenciones adecuadas. La detección precoz puede ayudar a los niños a recibir servicios como logopedia, fisioterapia o terapia ocupacional cuando sea necesario. Comprender claramente cada uno de estos trastornos también ayuda a las familias a apoyar mejor el desarrollo del niño, su participación en el colegio y su éxito en la vida cotidiana.
¿Qué es la dispraxia?
Dispraxia es una afección neurológica que afecta a la capacidad de una persona para planificar y coordinar sus movimientos. Se asocia habitualmente con el trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), un diagnóstico reconocido en la práctica clínica. Los niños con dispraxia pueden tener dificultades para desarrollar habilidades motoras adecuadas para su edad, incluso cuando tienen una inteligencia normal y oportunidades suficientes para aprender.
Esta afección puede afectar tanto a las habilidades motoras finas como a las gruesas. Tareas como escribir, atarse los cordones de los zapatos, utilizar cubiertos o participar en actividades físicas pueden resultarles más difíciles que a otros niños de su misma edad. La dispraxia afecta a la capacidad del cerebro organizar la secuencia de movimientos necesaria para llevar a cabo las acciones de forma eficaz.
Como consecuencia, muchos niños tienen dificultades para realizar tareas de autocuidado, participar en las actividades del aula y en ciertos aspectos de la vida social.
¿Qué es la apraxia?
La apraxia es un trastorno que afecta a la capacidad de una persona para realizar movimientos aprendidos, a pesar de tener la capacidad física para llevarlos a cabo. La dificultad no se debe a una disminución de la fuerza muscular, sino a problemas en la comunicación entre el cerebro y los movimientos necesarios para alcanzar un objetivo concreto.
Existen varias formas de apraxia. En los niños, la más conocida es la apraxia infantil, sobre todo cuando afecta al habla. En otros casos, la apraxia puede desarrollarse tras un traumatismo craneal u otros episodios neurológicos. Dependiendo del tipo, la persona puede tener dificultades para realizar acciones coordinadas, utilizar objetos correctamente o llevar a cabo secuencias de movimientos familiares.
Dado que la apraxia afecta a la planificación y la ejecución de las acciones, puede dificultar las tareas cotidianas, la comunicación y la autonomía. Los síntomas concretos varían en función de los sistemas y funciones corporales afectados.
Dispraxia y apraxia: comprender la diferencia principal
La principal diferencia entre la dispraxia y la apraxia radica en cómo se manifiestan y se desarrollan las dificultades motrices. La dispraxia se considera, en general, un trastorno del desarrollo que afecta a la adquisición y la coordinación de las habilidades motoras a lo largo del tiempo. Por el contrario, la apraxia se refiere a las dificultades para realizar movimientos o acciones específicas y deliberadas, debido a que el cerebro no puede organizar de manera eficaz las órdenes motoras necesarias.
Por ejemplo, un niño con dispraxia puede tener dificultades generales de coordinación durante las actividades escolares o físicas, mientras que un niño con apraxia puede tener mayores dificultades para realizar acciones concretas o producir sonidos del habla cuando se le pide. Ambas afecciones implican dificultades en la planificación motora, pero los patrones de la alteración son diferentes.
Dado que los síntomas pueden solaparse, es fundamental que profesionales sanitarios cualificados realicen una evaluación exhaustiva. Un diagnóstico preciso ayuda a orientar las estrategias de intervención y favorece la capacidad del niño para participar con mayor éxito en el aprendizaje, la comunicación y las experiencias cotidianas.
El trastorno del desarrollo de la coordinación y su relación con la dispraxia
El trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) es el término clínico más utilizado para describir las dificultades persistentes en la coordinación motora que interfieren en el funcionamiento diario. Aunque ambos términos suelen emplearse indistintamente, la dispraxia se refiere generalmente a las dificultades en la planificación motora que se dan en el marco del trastorno del desarrollo de la coordinación.
Los niños con DCD pueden tener dificultades con actividades que requieren coordinación, equilibrio y sincronización. Estas dificultades pueden afectar a la escritura a mano, la práctica deportiva, la organización de materiales y otras tareas cotidianas. Las investigaciones sugieren que las diferencias en el desarrollo neurológico y en el desarrollo de las neuronas motoras pueden contribuir a esta afección.
Dado que los síntomas varían mucho, algunos niños presentan dificultades leves, mientras que otros necesitan apoyo continuo. La detección precoz puede ayudar a reducir la frustración y a mejorar la participación en las actividades escolares y comunitarias.
La apraxia infantil y cómo afecta al desarrollo del habla
La apraxia infantil es un trastorno neurológico del habla que afecta a la capacidad del niño para planificar y coordinar los movimientos necesarios para hablar. Este problema no está relacionado con la inteligencia ni con una debilidad de los músculos del habla. Más bien, el cerebro tiene dificultades para enviar instrucciones precisas sobre los movimientos musculares necesarios para producir los sonidos del habla de forma constante.
Los niños con apraxia infantil pueden saber lo que quieren decir, pero les cuesta expresarlo con claridad. Su habla puede resultar difícil de entender, y los errores pueden variar de un intento a otro. Algunos niños también presentan dificultades lingüísticas, sobre todo cuando los problemas de comunicación afectan al aprendizaje y a las interacciones sociales.
Dado que el desarrollo del lenguaje desempeña un papel fundamental en la educación y las relaciones interpersonales, el diagnóstico y la intervención tempranos son importantes para mejorar los resultados a largo plazo.
Cómo afectan los problemas de planificación motora al funcionamiento diario
Las dificultades en la planificación motora pueden afectar a muchos aspectos de la vida de un niño. Las tareas que a los demás les parecen automáticas pueden suponer un esfuerzo considerable cuando el cerebro tiene dificultades para organizar la secuencia de acciones necesarias para llevarlas a cabo con éxito.
A los niños les puede resultar difícil realizar tareas de autocuidado, participar en las rutinas del aula o llevar a cabo actividades que impliquen varios pasos. También pueden surgir dificultades durante el juego, la práctica deportiva y otras situaciones que requieran movimientos musculares coordinados. En algunos casos, las dificultades en el procesamiento sensorial pueden complicar aún más la planificación motora.
Estos retos pueden influir en la capacidad del niño para desarrollar su independencia y su confianza. Sin el apoyo adecuado, las dificultades repetidas a la hora de realizar actividades cotidianas pueden provocar frustración, hacer que el niño evite nuevas experiencias y reducir su participación en las responsabilidades propias de su edad.
Dificultades en las habilidades motoras finas en los niños

Las dificultades con las habilidades motoras finas se encuentran entre las más comunes síntomas asociados a la dispraxia. Las habilidades motoras finas consisten en los movimientos pequeños y coordinados de las manos y los dedos, necesarios para muchas actividades tanto en el colegio como en casa.
Los niños pueden tener dificultades para escribir a mano, abrocharse los botones de la ropa, cortar con tijeras u organizar los apuntes de clase y los trabajos escritos. Las tareas que requieren movimientos precisos pueden llevarles más tiempo y exigirles más concentración de la que cabría esperar para su edad.
En el ámbito educativo, estas dificultades pueden afectar al rendimiento académico, incluso cuando el niño comprende los contenidos que se imparten. Muchos niños en edad escolar con dificultades de coordinación motora se benefician de un apoyo específico y de adaptaciones que les ayudan a participar de forma más eficaz en las actividades del aula, al tiempo que siguen desarrollando importantes habilidades motoras.
Fomentar el desarrollo de la motricidad fina con Magrid
Para muchos niños con dispraxia, las tareas de motricidad fina pueden resultar especialmente exigentes. Actividades como dibujar, trazar, controlar un lápiz o seleccionar con precisión objetos en una página requieren la coordinación de la información visual con movimientos precisos de la mano. El desarrollo de estas habilidades suele requerir tiempo, práctica y oportunidades estimulantes que les permitan ganar confianza.
Magrid incluye cientos de actividades que fomentan coordinación mano-ojo y desarrollo de la motricidad fina mediante tareas visuales estructuradas. Se anima a los niños a trazar recorridos, seguir formas, conectar objetos, dibujar con precisión e interactuar con elementos visuales mediante movimientos controlados de las manos y los dedos. Estas actividades ayudan a reforzar la conexión entre lo que ve el niño y cómo responde físicamente.
Dado que Magrid no utiliza lenguaje, los alumnos pueden centrarse por completo en los aspectos visuales y motores de cada actividad sin la carga adicional que supone leer instrucciones o procesar el lenguaje hablado. Esto puede resultar especialmente beneficioso para los niños que ya dedican un esfuerzo considerable a la planificación y la coordinación motoras.
Aunque Magrid no es un programa terapéutico, sus actividades, cuidadosamente diseñadas, ofrecen a los niños la oportunidad de practicar habilidades básicas importantes relacionadas con la coordinación mano-ojo, la percepción visual y el control de la motricidad fina. Estas habilidades desempeñan un papel importante en tareas cotidianas como escribir, dibujar, utilizar el material escolar y participar de forma autónoma en las actividades de aprendizaje.
Dificultades en las habilidades motoras gruesas y las actividades físicas
Las dificultades en las habilidades motoras gruesas pueden afectar a la capacidad del niño para participar con confianza en actividades que requieran movimiento. Las habilidades motoras gruesas consisten en movimientos corporales amplios que se utilizan para correr, saltar, trepar, mantener el equilibrio y coordinar los brazos y las piernas durante las actividades físicas.
Los niños con dispraxia pueden parecer torpes, tener dificultades para aprender nuevos patrones de movimiento o encontrar dificultades en las clases de educación física. Las actividades que requieren sincronización, equilibrio o coordinación pueden resultarles especialmente difíciles. Algunos niños pueden evitar los deportes o los juegos en el patio porque les cuesta seguir el ritmo de los demás niños.
Con el tiempo, estos retos pueden afectar a la participación en actividades escolares o físicas y pueden contribuir a una baja autoestima. Un entorno que ofrezca apoyo y unas actividades adecuadamente adaptadas pueden ayudar a los niños a ganar confianza, al tiempo que siguen desarrollando importantes habilidades motrices.
Apraxia del habla: signos y características
La apraxia del habla es un trastorno motor del habla que afecta a la planificación y la coordinación de los movimientos necesarios para el lenguaje hablado. Esta afección no se debe a una debilidad de los músculos del habla. Más bien, el cerebro tiene dificultades para organizar los movimientos precisos necesarios para producir sonidos, sílabas y palabras de forma coherente.
Entre los síntomas más comunes se incluyen errores de pronunciación irregulares, dificultad para pasar con fluidez de un sonido a otro y patrones inusuales de ritmo o acentuación al hablar. Un niño puede pronunciar correctamente una palabra en un momento dado y tener dificultades con la misma palabra poco después. Estas variaciones pueden hacer que la comunicación resulte especialmente complicada.
Dado que el desarrollo del habla influye en el aprendizaje, la interacción social y el rendimiento académico, es importante identificar con precisión la apraxia del habla. Una evaluación y una intervención especializadas pueden ayudar a los niños a mejorar la claridad del habla y la eficacia de la comunicación con el paso del tiempo.
Apraxia del habla en la infancia y desarrollo del lenguaje
La apraxia del habla infantil es una forma específica de apraxia del habla que se manifiesta durante las primeras etapas del desarrollo. Los niños que padecen esta afección suelen tener dificultades para coordinar los movimientos musculares relacionados con el habla que son necesarios para una comunicación verbal clara.
Los problemas en la producción del habla pueden influir en aspectos más amplios del desarrollo del lenguaje. Algunos niños presentan retrasos en el crecimiento del vocabulario, la formación de oraciones o la conciencia fonológica, que es la capacidad de reconocer y manejar los sonidos del habla. A medida que aumentan las exigencias comunicativas, las dificultades lingüísticas pueden hacerse más evidentes en el ámbito educativo.
Históricamente, se han utilizado términos como «dispraxia verbal del desarrollo», «dispraxia verbal» y «dispraxia del habla» para describir dificultades similares relacionadas con el habla. En la actualidad, la «apraxia del habla infantil» es el término clínico preferido en muchos entornos profesionales. La intervención temprana puede favorecer las habilidades comunicativas y el desarrollo académico a largo plazo.
Trastorno del desarrollo de la coordinación: criterios diagnósticos y características
El diagnóstico del trastorno del desarrollo de la coordinación se basa en dificultades motoras persistentes que interfieren de manera significativa en el funcionamiento diario y la participación. Estas dificultades deben ser mayores de lo que cabría esperar para la edad y el nivel de desarrollo del niño.
Los niños que padecen esta afección pueden tener dificultades para coordinarse, aprender nuevos patrones de movimiento y realizar tareas cotidianas que requieran un control motor eficaz. Estas dificultades suelen hacerse más evidentes a medida que aumentan las exigencias escolares y crecen las expectativas de independencia.
Según estudios publicados en revistas como «Developmental Medicine & Child Neurology» (DMCN), los síntomas pueden afectar al rendimiento académico, al ocio y a la participación social. Esta afección se considera uno de los diversos trastornos del desarrollo neurológico y puede persistir hasta la adolescencia o la edad adulta. Su detección precoz permite a las familias y a los profesionales poner en marcha estrategias adecuadas que favorezcan el desarrollo y la participación en distintos entornos.
El papel del Manual Diagnóstico y Estadístico en el diagnóstico

El Manual Diagnóstico y Estadístico constituye una referencia importante para los profesionales clínicos que evalúan trastornos del desarrollo y neurológicos. Este manual estadístico ofrece criterios diagnósticos estandarizados que ayudan a los profesionales a identificar los trastornos de forma coherente en los entornos sanitarios y educativos.
En el caso del trastorno del desarrollo de la coordinación, el manual describe los criterios relacionados con el rendimiento motor, el funcionamiento diario y la exclusión de otras causas que puedan explicar las dificultades observadas. El diagnóstico implica algo más que limitarse a constatar las dificultades de coordinación. Los profesionales deben tener en cuenta el historial de desarrollo del niño, su funcionamiento actual y su estado de salud general.
Aunque la apraxia y los trastornos del habla relacionados pueden evaluarse utilizando otros marcos clínicos, las directrices diagnósticas estandarizadas ayudan a garantizar que los niños reciban las evaluaciones adecuadas. Un diagnóstico preciso es un paso fundamental para elaborar un plan de tratamiento multidisciplinar eficaz y adaptado a las necesidades específicas de cada niño.
¿Se consideran la dispraxia y la apraxia trastornos mentales?
Una idea errónea muy extendida es que la dispraxia y la apraxia son trastornos mentales. En realidad, ambas se consideran principalmente trastornos neurológicos o del desarrollo que afectan a la planificación y la ejecución de los movimientos, más que al funcionamiento emocional o psiquiátrico.
La dispraxia está estrechamente relacionada con el trastorno del desarrollo de la coordinación, mientras que la apraxia se caracteriza por dificultades para realizar acciones específicas a pesar de contar con la capacidad física adecuada. Estas afecciones reflejan diferencias en la capacidad del cerebro para organizar y coordinar el movimiento. No se deben a una falta de motivación, inteligencia o esfuerzo.
Dicho esto, los niños que se enfrentan a dificultades persistentes de movimiento o comunicación pueden sufrir consecuencias emocionales. Las dificultades repetidas en el colegio o en situaciones sociales pueden contribuir a la frustración, la ansiedad o una baja autoestima. Comprender la diferencia entre los trastornos neurológicos y los trastornos mentales ayuda a las familias a acceder a las formas de apoyo e intervención más adecuadas.
Dificultades de aprendizaje asociadas a la dispraxia y la apraxia
Aunque la dispraxia y la apraxia no provocan directamente una discapacidad intelectual, pueden estar asociadas a diversas dificultades de aprendizaje. Las dificultades relacionadas con el movimiento, la comunicación o la organización pueden afectar al rendimiento del niño en el ámbito educativo.
Por ejemplo, las dificultades para escribir a mano, tomar apuntes y gestionar los trabajos escritos pueden hacer que las tareas en el aula resulten más exigentes. Algunos niños tienen dificultades para aprender nuevas secuencias motoras o para seguir el ritmo de las expectativas académicas. Los problemas de comunicación relacionados con la apraxia también pueden afectar a la participación en debates y actividades lingüísticas.
En algunos casos, estas afecciones se dan junto con otras dificultades de aprendizaje o diferencias en el desarrollo. Cuando las necesidades educativas se detectan a tiempo, los centros educativos y las familias pueden colaborar para ofrecer adaptaciones que faciliten el aprendizaje y, al mismo tiempo, ayuden a los niños a desarrollar su confianza y su independencia.
Causas y factores de riesgo habituales
Las causas exactas de la dispraxia y la apraxia aún no se comprenden del todo, pero las investigaciones sugieren que pueden influir múltiples factores biológicos y de desarrollo. Se cree que las diferencias en el desarrollo neurológico desempeñan un papel importante en ambas afecciones.
Se han identificado varios factores de riesgo, entre los que se incluyen los antecedentes familiares, el parto prematuro y el bajo peso al nacer. Ciertas afecciones neurológicas también pueden aumentar la probabilidad de que se produzcan dificultades motrices o del habla. En las formas adquiridas de apraxia, un traumatismo craneal u otra lesión cerebral pueden alterar las habilidades adquiridas previamente.
Los investigadores siguen estudiando cómo se desarrollan en el cerebro las redes responsables de la planificación y la coordinación de los movimientos. Aunque no existe una única causa que explique todos los casos, los datos sugieren que una combinación de factores genéticos y de desarrollo contribuye a las dificultades que experimentan muchos niños con estas afecciones.
Trastornos concurrentes y trastornos del desarrollo neurológico
La dispraxia y la apraxia suelen aparecer junto con otros trastornos del desarrollo neurológico. Es importante comprender estas afecciones que se solapan, ya que pueden influir en la forma en que se manifiestan los síntomas y en qué tipos de apoyo pueden resultar más eficaces.
Por ejemplo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad puede coexistir con la dispraxia, lo que afecta a la atención, la organización y la realización de tareas. Algunos niños también pueden presentar dificultades relacionadas con el procesamiento sensorial, el desarrollo del lenguaje o necesidades específicas de aprendizaje. En otros casos, pueden aparecer dificultades motrices en niños con afecciones como la parálisis cerebral, aunque las causas subyacentes sean diferentes.
Dado que pueden darse varias afecciones al mismo tiempo, es fundamental realizar evaluaciones exhaustivas. Identificar todas las áreas en las que se necesitan intervenciones ayuda a los profesionales a desarrollar intervenciones específicas que tengan en cuenta los puntos fuertes y las dificultades del niño, al tiempo que fomentan su participación en el entorno familiar, escolar y comunitario.
Diagnóstico precoz e hitos del desarrollo
Detectar a tiempo los problemas puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo del niño. Las dificultades en la coordinación motora, la producción del habla u otros hitos del desarrollo pueden indicar la necesidad de realizar una evaluación más exhaustiva.
Los padres y los educadores suelen ser los primeros en darse cuenta de que un niño tiene dificultades con habilidades que sus compañeros han adquirido con mayor facilidad. Los retrasos en la coordinación, la comunicación, las habilidades alimentarias —como la capacidad para comer alimentos sólidos— o la independencia propia de su edad pueden requerir la atención de un profesional. Aunque cada niño se desarrolla a un ritmo diferente, no deben ignorarse las dificultades persistentes.
Un diagnóstico precoz permite a las familias acceder antes a los servicios y comenzar intervenciones específicas durante los periodos críticos del desarrollo. El apoyo precoz puede mejorar los resultados funcionales y ayudar a los niños a adquirir habilidades que contribuyan a una mayor confianza e independencia.
Cómo contribuye un terapeuta ocupacional al desarrollo motor

El terapeuta ocupacional desempeña un papel fundamental en el apoyo a los niños con dispraxia y otras dificultades motoras relacionadas. La terapia ocupacional se centra en ayudar a los niños a desarrollar las habilidades necesarias para participar con éxito en las actividades cotidianas.
La terapia puede centrarse en las habilidades motoras finas, la coordinación, la organización y la autonomía en las tareas de autocuidado. Un terapeuta ocupacional también puede ayudar a los niños a aprender estrategias para realizar las actividades del aula de forma más eficaz y a afrontar los retos que afectan a su funcionamiento diario.
Las intervenciones suelen adaptarse a las necesidades y objetivos de cada niño. Mediante la práctica de habilidades específicas y la adaptación de las actividades cuando es necesario, los niños pueden mejorar su capacidad para realizar tareas cotidianas y participar de forma más plena en el colegio, en casa y en actividades de ocio.
El papel de la logopedia, la fisioterapia y otros especialistas
Muchos niños se benefician del apoyo que les brindan diversos especialistas que trabajan en equipo. En función de las necesidades del niño, un plan de intervención integral puede incluir logopedia, fisioterapia y los servicios de otros profesionales sanitarios.
Los niños con apraxia del habla infantil suelen trabajar con logopedas para mejorar la producción del habla, la comunicación y el desarrollo del lenguaje. Aquellos que presentan dificultades de coordinación pueden beneficiarse de una fisioterapia centrada en el equilibrio, el control del movimiento y la participación en actividades físicas.
La colaboración entre los profesionales sanitarios contribuye a garantizar que el apoyo sea coherente en todos los entornos. Al abordar conjuntamente la comunicación, la motricidad, el aprendizaje y el funcionamiento diario, los especialistas pueden crear un enfoque coordinado que fomente el progreso y ayude a los niños a alcanzar objetivos de desarrollo significativos.
Cuándo acudir al médico
Los padres y cuidadores deberían plantearse consultar a un profesional sanitario si un niño presenta dificultades persistentes en la coordinación, el habla o la autonomía propia de su edad. Aunque es habitual que la población general experimente dificultades ocasionales, los problemas continuados que interfieren en el aprendizaje, la comunicación o el funcionamiento diario pueden requerir una evaluación más exhaustiva.
Entre los signos de alerta pueden figurar un retraso en el desarrollo motor, dificultad para realizar actividades cotidianas, dificultad para articular las palabras o dificultades que parecen significativamente mayores que las de sus compañeros. En algunos casos, los especialistas pueden evaluar la presencia de formas menos comunes de apraxia, como la apraxia cinética de las extremidades o la apraxia constructiva, en función de los síntomas observados.
Recurrir a la orientación profesional desde el principio puede ayudar a las familias a comprender mejor las necesidades de sus hijos y a acceder a los servicios de apoyo adecuados.
Apoyo a los niños en casa y en el colegio
Comprender la diferencia entre la dispraxia y la apraxia es fundamental para ofrecer un apoyo eficaz. Aunque estas afecciones afectan a los niños de forma diferente, ambas pueden influir en el movimiento, la comunicación, el rendimiento académico y la participación en la vida cotidiana. Las dificultades de coordinación, del habla o de aprendizaje no reflejan una falta de inteligencia ni de motivación. Por el contrario, se deben a diferencias en la forma en que el cerebro planifica y organiza las acciones.
Un entorno propicio, tanto en casa como en el colegio, puede ayudar a los niños a desarrollar habilidades y confianza en sí mismos. Las adaptaciones prácticas, la paciencia y la enseñanza individualizada suelen marcar una diferencia significativa. Fomentar la participación en actividades, celebrar los progresos y centrarse en los puntos fuertes también puede reducir la frustración y el riesgo de que les resulte difícil entablar relaciones con sus compañeros.
Gracias a una detección precoz, a unas intervenciones adecuadas y a un apoyo continuo, muchos niños pueden superar con éxito los retos y seguir desarrollando habilidades fundamentales para su desarrollo.
Cómo puede Magrid contribuir al desarrollo motor y cognitivo
Los niños con dispraxia, apraxia y otras dificultades de desarrollo relacionadas suelen beneficiarse de actividades estructuradas que les permitan reforzar las habilidades cognitivas básicas que sustentan el aprendizaje. Además de la orientación de un profesional sanitario, los educadores, los terapeutas y las familias pueden utilizar herramientas basadas en la evidencia para reforzar las habilidades clave para el desarrollo.
Magrid está diseñado para ayudar a los niños a desarrollar competencias cognitivas esenciales relacionadas con la coordinación mano-ojo, el pensamiento matemático, el razonamiento visoespacial, la atención y la resolución de problemas. Estas habilidades pueden contribuir a procesos de aprendizaje más amplios que son importantes para el éxito en la escuela y en la vida cotidiana. Dado que los niños con dificultades motoras o de comunicación también pueden enfrentarse a obstáculos académicos, ofrecerles oportunidades de aprendizaje accesibles puede resultar especialmente valioso.
Como parte de una estrategia de apoyo más amplia en la que participan familias, profesores, terapeutas y otros profesionales sanitarios, Magrid puede contribuir a un enfoque integral que ayude a los niños a ganar confianza, implicarse en el aprendizaje y alcanzar todo su potencial.
